Vida en Marte…

Todo se volvía de color rojo y a pesar de quererlo, sus pulmones no encontraron la fuerza para gritar. Todo había acabado.

Todo empezó unas semanas antes cuando en la televisión daban la noticia que habían encontrado vida en marte. Vida microscópica pero vida al fin y al cabo. Y todos estábamos contentos. Eso indicaba que seguramente en algún lugar del espacio podía haber formas inteligentes. Si había vida microscópica en marte porqué no vida multicelular y grande en otro lado.

Todavía le dio tiempo a sonreír.

Días después de la noticia retransmitieron la vuelta a casa de la nave enviada al planeta rojo y antesala del primer viaje tripulado. Se acordó como se fotografió delante de la televisión con sus hijos para tener un recuerdo del momento histórico y que sus hijos pudieran decir ahí estábamos.

Pero a partir de ahí todo fueron malas noticias.

A los dos días del aterrizaje los medios avisaban que se había imposibilitado el acceso al área 23 de cabo cañaveral para a las pocas horas decir que todo el territorio estaba prohibido.

Se despertó con el anuncio que, por primera vez en la historia y en periodo de paz la bomba atómica fue utilizada.

Fueron muchas las especulaciones. Los expertos de todos los países daban su opinión. El miedo llegó a todas las partes del mundo. Un virus, un organismo, algo, estaba matando a la gente y no se conseguía erradicar. Por ello habían utilizado LA BOMBA.

48 horas, ese fue el tiempo que tardó el presidente americano en salir en las televisiones del mundo entero anunciando la mayor catástrofe jamás ocurrida en la historia del hombre. Un microrganismo estaba matando a la gente y estaba tan expandido que no se conseguía parar. Mataba en 10 horas desde el momento en que se entraba en contacto con él. Mataba todo. Desde ratas a elefantes pasando como no a los hombres.

Primero se extendió por Florida, Alabama, Mississippi para desde Arkansas subir a Missouri e Iowa y bajar por Texas y pasar a México.

En el momento en que hablaba comunicaba que en ciudades como St Louis, San Diego o incluso New York no se sabía cuantos supervivientes podían estar encerrados en sus casas. El estado de emergencia estaba instaurado en todos los Estados Unidos y a pesar de las medidas tomadas el microrganismo seguía matando.

Ese fue el anuncio del principio del fin.

Todos los vuelos desde y hacia el continente americano se clausuraron y poco a poco, día a día, fue más difícil contactar con ellos. Hasta que al cabo de una semana no hubo más noticias.

Los habitantes de los demás continentes esperaban con miedo noticias de sus gobiernos y estas llegaron tarde. Tardaron demasiado tiempo en ponerse de acuerdo. Cuando decidieron enviar un equipo de científicos en un avión militar de forma completamente “hermética” empezaron los primeros casos en España y Mauritania y Senegal.  El organismo había atravesado el continente con las corrientes marinas. También llegaron noticias de Nueva Zelanda y de Rusia.

La gente intento parapetarse en casa. Los aparatos purificadores de aire desaparecieron de las tiendas. Los que tenían bunquers secretos bajaron a ellos.

En menos de un mes todo el planeta estaba contaminado. Y los que no morían del microrganismo morían de las enfermedades producidas por tantos y tantos cuerpos y animales muertos, descomponiéndose en las calles.

Y él, ya no veía nada. Había notado un pinchazo en la columna. Decían que era así como empezaba todo. Su mente se desconectó.

–          S.ño. J…n.z, ¿q.é t.. se encuent..? ¿Señor .imenez?

Abrió los ojos y vio los ojos del anestesista. Movió la cabeza y vio a la enfermera que se dirigía al fondo de la sala.

Gimió

–          Señor Jimenez, la operación ha sido un éxito, en unos días estará en casa.

Suspiró cuando llegó el celador.

Este le llevó a su habitación. Todavía bajo los efectos de la anestesia recibió la visita de su mujer e hijos.

Se relajó. Fue entonces cuando su hijo mayor encendió la televisión. La nave no tripulada Casimiro acababa de tocar tierra a pocos metros de su predecesora Curiosity con la diferencia que esta iba a rebatir los resultados obtenidos por su hermana menor y traer muestras a la tierra. Habían encontrado no solo restos de agua si no microrganismos vivos.

 

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